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RocknRolla | Cinematografia.cl

RocknRolla

Después del fiasco que significó el bodrio de Swept Away en el 2002, y Revolver de 2005 que no tuvimos la oportunidad de disfrutar (aparte de señalar el ya demasiado publicitado divorcio del inglés con Maddona), Guy Ritchie vuelve, en esencia, en gloria y majestad; y eso es Lock Stock and Two Smoking Barrels y la conocida Snatch: Cerdos y Diamantes. Esto es, una suma de historias sucintas en una gran trama de variopintos personajes del underground criminal londinense o, lo que me gusta llamar, el cine Cockney de Ritchie.

Pero… ¿qué es un RocknRolla? Para el “fallecido” rockero Johnny Quid (Toby Kebbell), es la quintaescencia de un verdadero rockstar/mafioso. Pero así como en Trainspotting, el decálogo de Renton del “choose a life…” es la excusa o el todo de un sinfin de aventuras en la decadencia de la heroina, la pregunta de qué demonios es un RocknRolla no es sino el pretexto para un viaje adrenalínico, una orgía visual de sexo, matones y rock ‘n roll… todo, por supuesto, matizado con el dinamismo de Ritchie y la genialidad de sus diálogos.

Explicar aquí la trama de RocknRolla es algo complicado dado la multitud de personajes y sus propias motivaciones dentro de este viaje. Creo que se podría inventar un premio para quien pudiera contar Snatch en sólo cinco minutos. Pero vamos, intentemoslo.

Todo comienza cuando One Two (Gerard Butler) y Mumbles (Idris Elba) quieren entrar en el negocio inmobiliario con ayuda de Lenny Cole (Tom Wilkinson) quien gracias a su consejero Archie (Mark Strong) suerte de Pepe Grillo con un revolver los tima haciéndoles deber una suma superior de la que él les prestó. Pero nada es tan perfecto para Lenny, quien intenta expandir sus horizontes negociando con el mafioso ruso Uri (Karel Roden), quien le presta su pintura favorita de la suerte, pero que al final se la roban. En eso entra en escena Stella (Thandie Newton) la contadora de los rusos, quien contrata nada más ni nada menos que a One Two y su compadre Mumbles para robarle a sus propios patrones. Pero también está Johnny Quid, el rockero que se presume muerto, y que es el hijastro de Cole, pero Lenny no lo soporta y lo quiere lejos y qué mejor que muerto.

Si creen que esto es algo confuso, no se preocupen, que en pantalla se ve mucho mejor… e hilarante.

Entonces, lo que tenemos con RocknRolla es la vuelta a las pistas de un estilo ya plasmado años atrás con la muy artesanal Lock, Stock…, un estilo refinado en Snatch, pero que en RocknRolla se avecina un poco más allá, utilizando incluso la intertextualidad (ojo, nada artistico, sino más estilístico que nada). Claro que con la suma de libras en la producción, también tenían que subir de pelo los villanos (ojo, que en las pelis de Guy Ritchie casi no existen los “buenos”), y si al principio de su carrera, los personajes eran matones de barrio, ahora… siguen ahí, pero quieren escalar a los peldaños en que se encuentra Lenny Cole, que, dicho sea de paso, es la actuación de la peli. Una suerte de Padrino de medio pelo londinense.

RocknRola no es la película acerca de una pintura de la suerte, como tampoco de unos pocos matones queriendo subsistir su negocio, ni de un rockero viviendo de su propia leyenda en vida. Me aventuro a decir que Ritchie ha hecho una película acerca de nada… pero que lo cubre todo. Es como si Guy fuera su propio dios, algo distorcionado por lo demás, en su peculiar universo criminal. Por supuesto que después de la ola de asesinatos que sufrió Londrés los últimos seis meses no tienen nada que ver con la realidad de la peli, ni es el leit motiv de su director. A no ser que Ritchie quiera jugar a ser su propio West Side Story con lo que lo único que le faltaría sería el elemento musical en la obra. Ojalá y no lo intente, porque sería bastante perturbador ver a Butler y a Wilkinson dándose de balasos a la vez que realizan una pulcra coreografía acompañada de las canciones de rigor.

O quizás sí sería interesante.

Queridos lectores, eso pasa cuando intentas analizar RocknRolla. A dónde ir, de dónde aferrarte. Les digo, sólo déjense llevar y disfruten de este viaje por el submundo londinense. Y ríanse a carcajadas sin miedo a que los echen de la sala.