Ya casi no se hacen, o no nos llegan, historias cuyos personajes ya han pasado la frontera del medio siglo; ni mucho menos que estas historias sean en clave romántica. Bien sabemos que el amor no conoce límites, pero eso en Hollywood es algo que bien pasan por alto para añadir más estrellas al firmamento del celuloide, muchas de ellas que se apagan al año de su estreno en sociedad. No obstante, la producción de Noches de Tormenta (Nights in Rodanthe) no sólo hace caso omiso a la media, sino que vuelve a unir por tercera vez a intérpretes tan prolíficos como la dupla Lane-Gere.
Adrienne Willis (Diane Lane) aprovecha el fin de semana en que su ex esposo se llevará a sus dos hijos de viaje, para ir a cuidar el hostal de su amiga Jean en el solitario borde costero de Carolina del Norte. Paul Flanner (Richard Gere) es un cirujano que, acongojado por la muerte en pabellón de una paciente y por la distancia de su hijo, decide vender su casa e ir un par de días al alejado hostal de Rodanthe que cuida Adrienne. Por la lejanía del lugar, lo mágico de la enorme casa, la letanía de sus caracteres y la amenaza de un huracán, hacen que Adrienne y Paul se conozcan, entablen amistad y se enamoren profundamente, revitalizando sus decaídas existencias. No obstante, Paul debe viajar fuera del país, pero continuarán su distante relación hasta el momento en que vuelvan a encontrarse, luego de seis meses de separación.

Nuevamente asistimos a una narración cinematográfica que se produce gracias al artífice artesanal de una buena historia contada en el lenguaje cinematográfico. Claro que Noches de Tormenta es un best-seller de Nicholas Parks, también autor de The Notebook, obra llevada al cine unos años atrás. No obstante, el ejercicio de llevar al celuloide historias simples de seres humanos comunes y corrientes que se enfrentan a situaciones que bien cambiarían su destino (como ya revisamos en Camino a la Redención), nos recuerda lo que pocos guionistas saben hacer bien: el mantener la atracción del público en una historia carente de inverosimilitudes; el verdadero arte del cinematógrafo.

Ahora bien, cierto es que Noches de Tormenta es una película para un segmento de la población de espectadores muy débil en nuestro país, situación que lamentablemente auguro que será sacada de cartelera antes de cumplir un mes. Honestamente espero equivocarme, ya que si bien es la historia de una pareja, Noches de Tormenta se las juega por presentarnos más en escena a Adrienne por sobre el personaje de Paul, lo que lo hace muy atractivo para mujeres que ya pasaron los cuarenta y no se sienten identificadas (factor de suma importancia en el negocio) con noveles estrellas como Megan Fox.

Por otro lado, la artesanía fílmica de la película, su facturación tanto técnica como narrativa es muy buena. Si bien, la mayoría del relato se centra en la increíble casa-hostal de Rodanthe, un segmento no menor se sitúa ya en la ciudad y en el extranjero, como así en los recuerdos del doctor y los últimos relatos de su hijo Mark, interpretado por el talentoso James Franco. En lo personal creo que la historia hubiera sido perfecta si olvidamos los factores externos físicos (la ciudad, el extranjero, incluso los recuerdos) y la premisa hubiese sido desarrollada en su totalidad en la solitaria playa, en la magnifica casa y con la ayuda del pequeño poblado y su comunidad. Con estos tips Noches de Tormenta hubiese sido una fiel candidata al galardón de la Academia.
Entrañable la historia de Noches de Tormenta, recomendable para aquellos románticos de la vida, para aquellos que se acercan a los cuarenta –y más allá–, y especialmente para aquellas chicas que creen que el amor siempre llega. Con una muy buena actuación de la cada vez más hermosa Diane Lane que, sin duda alguna, le roba protagonismo al sufrido Richard Gere. Una película esencial de esta temporada.













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