Todo comienza cual cuento de hadas. Liv (Kate Hudson) y Emma (Anne Hathaway) se conocen desde siempre galla, y desde muy pequeñas sueñan con casarse en junio en el Plaza que es de lo más que hay niña por Dios. Pasan los años y, claro, las dos, regias como siempre, mantienen su amistad; ambas con novios y a punto de casarse. Obvio que no iban a dejar nada sin planificar, por lo que van donde la muy solicitada Marion St. Claire (Candice Bergen), la mejor organizadora de bodas de toda Manhattan. Pero que lata, porque debido a un enredo (¡mala pata! ¿por qué a mí?) las fechas que habían agendado (las dos separadas, porque obvio que una tiene que ser la madrina de la otra, por favor) se han convertido en LA fecha, por lo que una debe de ceder… pero ya no sería junio en el Plaza.

Guerra de Novias nos trae en clave de comedia extrema todas las cosas que las chicas no quieren que suceda en el trascurso de la planificación de sus matrimonios. Así, en lo que es sólo un anecdotario, se va convirtiendo, del rosa tiernecillo del amigas para siempre, al rojo furioso de un más vale que te cuides, perra. Poco a poco la angelical Emma se irá transformando en una calculadora máquina de venganza, mientras que la ya analítica Liv desesperará en sus ansias de frustación.

Las confabulaciones no paran a lo largo de la historia, y lo que parte como una relación algo lela, se va transformando en un campo de batalla por sobre todo rosa. Guerra de Novias cumple en su cometido, y va más allá al dedicarse con un medio happy ever after, algo que bien deja cierto gusto amargo por situaciones no del todo ahondadas, sino bien hasta el final (una mirada por aquí, una mirada por allá) y un par de personajes al que se le hubiera podido sacado un poco más de jugo. No obstante, la peli entretiene y saca una que otra carcajada no forsada (a pesar de haber sido el único hombre en la función).

Como buena comedia gringa, esta peli lo tiene todo o, mejor dicho, sus protagonistas lo tienen todo: son exitosas, no pasan por apuros económicos, tienen trabajo estable, viven el sueño americano, lo tienen todo y todo es perfecto. Claro que lo único que les frustra su felicidad es si no entran en el vestido o si el anillo de compromiso es lo sufiecientemente grande para que no se note pobreza, diríamos por estos lados.
Pero bueno, es el sueño de Hollywood y de todas esas pinturitas que “quieren sus dulces 16″, pero en clave novia… y menos yo, yo, yo.
Quejas aparte, no sé si sea una buena película para ir a ver en pareja, pero por otro lado no es Sex and the City, gracias al pulento.












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