Película alemana basada en un hecho real, la “Tragedia del estudiante de Steglitz”, ocurrida en 1927 en Berlín. Con Daniel Brühl y Anna Maria Mühe. Dirigida por Achim von Borries.
Los hechos reales que sirvieron de fuente al guión de esta película son indistintamente catalogados como “policiales”, “judiciales” y también como “sociológicos”. Yo quiero agregar el rótulo de “poéticos”. Lo cierto es que raras veces la poesía ha sido un factor tan preponderante para entender cómo es que alguien puede quitar y quitarse la vida.
Sin quererlo, y gracias a este film alemán de 2004, me descubrí desempolvando y revisando los archivos virtuales de este caso que en Alemania es conocido como “Steglitzer Schülertragödie”, o la Tragedia del Estudiante de Steglitz, un acomodado barrio de Berlín, donde el joven Günther Scheller se suicidó tras haber dado muerte al aprendiz de cocinero Hans Stephan. En la escena del suceso habían tres personas más: Hildegard Scheller (Hilde), hermana de Günther, su amiga Ellinor Ratti (Elli), y Paul Krantz, el protagonista de la historia y de los versos.
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Timothy Treadwell, nacido en 1957, fue un defensor de los Osos Pardos, una especie amenazada por cazadores furtivos que también es conocida como “Oso Grizzly”, esos que se ven tan tiernos comiendo salmones en la televisión, pero que pueden ser uno de los más fieros animales a la hora de defenderse o saciar su hambre extrema. Treadwell acampó durante 13 veranos en remotas áreas del Parque Nacional Katmain, en la península de Alaska, para convivir con ellos, convencido de que los plantígrados “lo necesitaban”. Sin embargo, él y su novia AMIE HUGUENARD, fueron devorados por un viejo oso hambriento en octubre de 2003.
... La técnica empleada por los realizadores de la serie de tv “Thunderbirds” (1965-1966), fue desarrollada por el inglés Gerry Anderson y un grupo de colaboradores, entre ellos su esposa SYLVIA, quienes emplearon títeres operados con delgados alambres en lugar de los clásicos hilos, y por diminutos cables eléctricos que enviaban pulsos generados por el sonido de las voces previamente grabadas, sincronizándose así el movimiento de sus bocas con los diálogos de manera instantánea. A todo este sistema se le denominó “SUPERMARIONATION”. Sin embargo, no es éste el único aspecto original.
Después que MARTIN SCORSESE, uno de mis artistas predilectos, ganó el Oscar como mejor director con “The Departed” (Los Infiltrados), algunos amigos me preguntaban por qué no escribía nada sobre eso. Pero la verdad es que no hay cosa que me importe menos que los Oscar. ¿Qué importancia puede tener una entrega de premios local como aquella? Que Scorsese no hubiera ganado ese premio antes es un problema de los estadounidenses, que no pasa de ser una anécdota y un reflejo de cómo la política está inmersa en todos los ámbitos. Veo a muchos jóvenes pendientes en demasía de dichos premios; periodistas y rostros que escriben muchas páginas que demuestran el moderno apego por las cifras y las estadísticas, y no por lo que en verdad importa: la obra. Claro, porque Scorsese es mucho más que su estatua dorada. Scorsese es su filmografía, una absolutamente ligada a su etnia, a su barrio, a su origen inmigrante. Sin embargo, la que a mi juicio retrata con mayor acierto esta necesidad de encuentro con su raza, no es una película de ficción, ni menos una superproducción, sino más bien un sencillo documental de 47 minutos: “ITALIANAMERICAN“ (Ítaloamericanos).
Los archivos históricos indican que el 9 de noviembre de 1965 el sistema interconectado de electricidad que une Canadá con la costa este de Estados Unidos sufrió un desperfecto que ocasionó un apagón de 14 horas. Más de 30 millones de personas quedaron a oscuras, entre ellas las de la ciudad de Nueva York, que vio paralizada su tren subterráneo, ascensores y medios de comunicación, en medio del caos en las calles por la falta de semáforos y con sus dos aeropuertos internacionales funcionando con sistemas de emergencia. Por supuesto, una cadena de hechos significativos se sucedieron esa noche: cortes de agua y de gas; 600.000 personas atrapadas en los trenes; bloqueo de los expendios de bencina (gasolina); cancelación de espectáculos; y según reza la leyenda, un “baby boom” de pequeños leos que nacieron 9 meses después del “blackout”. Por supuesto, la industria de la entretención vio las posibilidades de inmediato.
Para entender esta película (y amarla) es necesario transportarnos a la edad de sus personajes: 10 a 12 años. “Melody” (1971) narra el conflicto de DANIEL LATIMER (Mark Lester), un niño bien que ha ingresado a una escuela pública, un liceo, y en donde afronta el umbral de dos nuevos mundos: la aceptación del grupo de hombres, y la aceptación de la chica que le gusta. Durante el primer acto, junto con exponer conflictos, espacios y personajes, director y guionista enfocan el problema en Daniel y la relación con su amigo ORNSHAW (Jack Wild), un chico-pobre y defensor acérrimo del club de Toby. Es él quien integra a Daniel, por lo que la necesidad del chico-rico por retribuir esa amistad, es permanente.
MICHEL GONDRY es un marciano camuflado. Parece humano, se viste como humano, interactúa como humano, pero… vamos… todos sabemos que es un extraterrestre.
Es primera vez que veo un documental de Michel Gondry (próximamente “_The Science of Slee_p”), quien no sólo debe ser reconocido como el gran creador de videoclips que es, o como un director de ficción mágico. “DAVE CHAPPELLE“S BLOCK PARTY”, es uno de los grandes documentales musicales que he visto. Aquí el realizador galo se transforma en un observador sensible, haciendo que la cámara sea íntima (no tranquila), sin protagonismos. Es raro ver a un Gondry realista, pero por ningún motivo es una decepción. El gran objetivo de la película es mostrar a la comunidad afroamericana de Brooklyn como gente pacífica y alegre; que igual viven un constante resentimiento, pero que son capaces de unirse social y culturalmente en objetivos comunes. La excusa es un recital realizado en 2004, una celebración organizada por DAVE CHAPPELLE, un comediante que tiene uno de los programas de televisión más exitosos de Estados Unidos, en el que critica con irreverencia a la sociedad imperial.
Como muchos de ustedes ya sabrán, el próximo 26 de octubre se estrena “El Rey de San Gregorio“, la primera película del director Alfonso Gazitúa y el productor Christian Olguín, quienes reclutaron a sus compañeros de Comunicación Audiovisual cuando se iniciaban los ’90, y luego a un grupo técnico y actoral de primer nivel, para llevar a cabo este largometraje.











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